Cómo crear el hábito de entrenar

Sabes que moverte es bueno para ti. Quieres hacer más ejercicio, sentirte con más energía y encontrar una rutina que te ayude a cuidarte. Así que un lunes decides empezar. Te apuntas al gimnasio, preparas la ropa deportiva, haces una planificación y durante unos días estás bastante motivada. Entrenas dos, tres o incluso cuatro veces esa semana y piensas que esta vez sí. Pero después llega una semana más complicada. Tienes más trabajo, estás cansada, tienes algún plan o simplemente no te apetece entrenar. Te saltas un día y después otro. Y cuando te das cuenta, han pasado varias semanas. Entonces vuelves a pensar lo mismo: “No consigo ser constante con el ejercicio.” Pero quizá el problema no es que no seas constante.

Quizá todavía no has encontrado una forma de entrenar que encaje realmente con tu vida.

Crear el hábito de entrenar no consiste en estar motivada todos los días ni en seguir una rutina perfecta. Se trata de conseguir que el movimiento tenga un espacio en tu vida y que puedas volver a él incluso cuando tu semana no sale como habías planeado.

1. Empieza con una frecuencia que puedas mantener

Cuando queremos empezar a hacer ejercicio, es muy fácil querer hacer demasiado. Pensamos que para notar resultados tenemos que entrenar cuatro o cinco días a la semana, hacer sesiones largas y seguir una planificación perfecta. Y aunque puede parecer motivador al principio, quizá no sea realista para tu situación actual. Si ahora mismo no haces ejercicio, empezar con dos días a la semana puede ser mucho más útil que proponerte entrenar cinco y abandonar al cabo de unas semanas. Porque al principio tu objetivo no debería ser hacer todo lo posible. Debería ser crear una rutina que puedas repetir. Puedes empezar con dos entrenamientos semanales y, cuando eso forme parte de tu rutina, valorar si quieres añadir más. No tienes que construir tu rutina definitiva desde el primer día.

2. Encuentra una forma de movimiento que te guste

Crear un hábito también tiene mucho que ver con qué actividad eliges. Si no te gusta correr, no tienes que salir a correr. Si el gimnasio te aburre, quizá no sea el lugar para ti. Y si prefieres hacer una clase, caminar, nadar, bailar, montar en bici o hacer Pilates, todas esas opciones pueden formar parte de una vida activa. A veces pensamos que hacer ejercicio significa obligarnos a hacer una actividad concreta porque creemos que es la que deberíamos hacer. Pero cuanto más disfrutes de lo que haces, más fácil será querer repetirlo. No necesitas encontrar el entrenamiento perfecto. Necesitas encontrar una forma de moverte que puedas imaginar manteniendo dentro de unos meses.

3. Deja de depender de las ganas

Hay días en los que te apetecerá entrenar y otros en los que preferirás quedarte en casa. Y esto es completamente normal. Si esperas a tener ganas para hacer ejercicio, probablemente habrá muchas semanas en las que no conseguirás mantener una rutina. Por eso puede ayudarte dejar de pensar únicamente en la motivación y empezar a crear un espacio concreto para el ejercicio dentro de tu semana. Por ejemplo, puedes decidir que entrenas los martes y jueves después de trabajar. No porque tengas la certeza de que esos días te apetecerá, sino porque has decidido que ese momento forma parte de tu rutina.

Eso no significa que tengas que entrenar sí o sí aunque estés agotada o necesites descansar. Escuchar tu cuerpo también es importante. Pero sí puedes aprender a distinguir entre “hoy realmente necesito descansar” y “no me apetece empezar”. Muchas veces, las ganas aparecen después de ponerte en movimiento.

4. Haz que empezar sea lo más fácil posible

A veces no nos cuesta tanto entrenar como todo lo que tenemos que hacer antes de empezar. Preparar la bolsa, buscar qué entrenamiento vas a hacer, desplazarte hasta el gimnasio, cambiarte de ropa… Son pequeñas cosas, pero cuando estamos cansadas pueden convertirse en barreras. Por eso puedes intentar hacer que el primer paso sea lo más sencillo posible.

Deja preparada la ropa deportiva, planifica de antemano qué vas a hacer o elige una actividad que no requiera demasiado desplazamiento. Cuantas menos decisiones tengas que tomar en ese momento, más fácil será empezar. Y esto también funciona para los días en los que tienes menos tiempo.

Si habías pensado hacer una hora de entrenamiento pero ese día solo tienes 20 minutos, quizá puedas adaptar la sesión en lugar de cancelarla directamente. Hacer menos no significa que no cuente.

No necesitas entrenar perfecto para crear el hábito

Quizá crear el hábito de entrenar no consiste en conseguir que nunca vuelvas a saltarte un entrenamiento. Quizá consiste en dejar de pensar que cada vez que pierdes el ritmo tienes que empezar de cero. Habrá semanas en las que entrenarás mucho y otras en las que apenas tendrás tiempo. Lo importante es que puedas adaptar tu rutina sin abandonarla por completo. Porque la constancia no significa hacerlo siempre igual.

Significa encontrar una forma de volver.

Y cuanto más realista sea la rutina que construyas, más posibilidades tendrás de mantenerla cuando pase la motivación inicial y llegue tu vida normal: trabajo, planes, cansancio, viajes, imprevistos y semanas que no salen como esperabas.

Total
0
Shares