Septiembre no es un reset: vuelve a tus hábitos sin empezar de cero

Septiembre ha llegado y, con él, esa sensación de que toca volver a ponerlo todo en orden.

Después de unas semanas de vacaciones, de horarios diferentes, comidas fuera, cenas que se alargan, viajes y días un poco más improvisados, volvemos a la rutina y parece que de repente tenemos que recuperar todos nuestros hábitos de golpe.

Volver a entrenar. Comer mejor. Dormir más. Beber más agua. Organizar las comidas. Levantarnos antes. Ser más productivas. Y quizá incluso te hayas dicho: “En septiembre me pongo en serio.” Pero, ¿y si no necesitas empezar de cero?

¿Y si septiembre no tiene que ser un reset, sino simplemente una oportunidad para volver poco a poco a aquellas cosas que te hacen sentir bien?

Porque haber cambiado tus rutinas durante las vacaciones no significa que hayas perdido tus hábitos ni que hayas echado por tierra todo lo que habías conseguido antes. Simplemente has estado viviendo de otra manera durante unas semanas. Y eso también forma parte de una vida saludable.

El problema aparece cuando volvemos de vacaciones pensando que tenemos que compensar. Intentamos hacerlo todo perfecto desde el primer día, nos ponemos objetivos demasiado exigentes y construimos una rutina que funciona durante una semana… hasta que vuelve nuestra vida real.

Trabajo, cansancio, planes, poco tiempo, imprevistos. Y entonces pensamos que hemos fallado. Pero quizá no has fallado tú. Quizá simplemente estabas intentando seguir una rutina que no estaba pensada para tu vida real. Por eso, este septiembre, en lugar de preguntarte “¿qué tengo que cambiar?”, prueba a preguntarte:

“¿Qué hábitos quiero recuperar porque me hacen sentir bien?”

A partir de ahí, puedes empezar mucho más fácil.

1. Empieza por poco

Cuando estamos motivadas queremos cambiarlo todo a la vez. Pero intentar recuperar diez hábitos de golpe suele ser mucho más difícil que empezar por dos o tres.

Piensa en cuáles son los hábitos que más impacto tienen en cómo te sientes y empieza por ahí. Quizá sea recuperar tus horarios de sueño, volver a caminar cada día o cocinar más en casa.

No necesitas hacerlo todo esta semana. De hecho, empezar con poco puede ayudarte a construir una rutina mucho más sostenible. Pregúntate: qué 2 o 3 hábitos quiero recuperar este mes? Y céntrate únicamente en ellos.

2. Haz que tus hábitos sean fáciles

Si quieres comer mejor, no necesitas tener toda la semana perfectamente organizada. Pero sí puede ayudarte mucho tener alimentos y opciones sencillas disponibles cuando tengas hambre.

Puedes dejar preparados algunos básicos, tener fruta a mano, lavar las verduras cuando llegas de la compra o tener opciones rápidas para esos días en los que no tienes tiempo de cocinar.

Lo mismo ocurre con el movimiento. Si sabes que una semana vas justa de tiempo, quizá no sea el momento de proponerte entrenar cinco días. Puedes buscar pequeños momentos para moverte: caminar después de comer, subir escaleras, hacer una sesión corta en casa o simplemente salir a dar un paseo.

La idea es que tus hábitos no dependan de tener un día perfecto. Cuanto más fácil sea hacer algo, más posibilidades tendrás de mantenerlo.

3. Planifica tu semana real

Este puede ser uno de los cambios más útiles para volver a la rutina. En lugar de imaginar la semana perfecta, mira tu agenda y piensa en la semana que realmente tienes.

¿Tienes algún día especialmente largo en el trabajo? ¿Alguna cena o comida fuera? ¿Algún día en el que sabes que llegarás tarde a casa? Perfecto. No tienes que eliminar esos planes para mantener tus hábitos. Simplemente puedes anticiparte.

Si sabes que el martes llegas tarde, puedes dejar pensada una cena rápida. Si el jueves tienes planes, puedes mover el entrenamiento a otro día. Si el viernes estás agotada, quizá ese día necesites descansar en lugar de exigirte hacer más.

Una rutina saludable tiene que adaptarse a tu vida, no tu vida a tu rutina.

4. Organiza tus comidas sin complicarte

Volver a cuidar tu alimentación después de las vacaciones no significa hacer una dieta estricta ni pasar horas preparando comida. A veces, simplemente recuperar cierta estructura ya es suficiente.

Puedes pensar con antelación qué comidas te apetece preparar durante la semana y hacer una lista de la compra basada en ellas. Tener algunos ingredientes básicos en casa puede evitar muchas decisiones de última hora.

Y no hace falta que todo sea elaborado. Una ensalada completa, un bol con legumbres, verduras y una fuente de proteína, una tortilla con verduras o un plato de arroz con lo que tengas en la nevera pueden ser opciones sencillas y completas.

No busques comer perfecto. Busca comer de una forma que puedas mantener.

5. Ten un plan B para los días caóticos

Porque van a existir. Habrá días en los que no tendrás tiempo para cocinar, días en los que no te apetecerá entrenar y días en los que dormirás peor de lo que querías. Y eso no significa que tu rutina haya dejado de funcionar. Una de las mejores cosas que puedes hacer es tener alternativas.

Si no puedes hacer tu entrenamiento habitual, puedes salir a caminar veinte minutos. Si no puedes cocinar, puedes preparar algo sencillo con lo que tengas en casa. Si has tenido un día agotador, quizá tu mejor decisión sea descansar. Tener un plan B no significa conformarte.

Significa entender que cuidarte también implica ser flexible.

6. No conviertas un día malo en una semana perdida

Esta es probablemente una de las cosas que más nos cuesta. Un día comes diferente, no entrenas o te acuestas tarde y aparece el pensamiento de: “Ya está, esta semana está perdida. El lunes vuelvo a empezar.”

Pero no necesitas esperar al lunes. Una comida no define tu alimentación. Un día sin entrenar no elimina tus progresos. Y una semana complicada no significa que hayas vuelto al punto de partida.

Puedes volver en la siguiente comida, en el siguiente paseo o al día siguiente. La constancia no consiste en hacerlo perfecto todos los días. Consiste en volver. Y cuanto antes aprendas a volver después de un día diferente, menos espacio tendrá el pensamiento de “todo o nada” en tu rutina.

Una última cosa: no copies la rutina de otra persona

A veces las redes sociales tampoco ayudan demasiado. Vemos rutinas perfectas, desayunos perfectos, entrenamientos a primera hora y agendas perfectamente organizadas, y pensamos que nosotros también deberíamos vivir así.

Pero una rutina saludable no tiene que parecerse a la de nadie más. Quizá tú disfrutas entrenando por la tarde. Quizá prefieres caminar en lugar de ir al gimnasio. Quizá necesitas dormir un poco más y levantarte más tarde. Quizá cocinar cada día no encaja contigo y prefieres preparar algunas cosas con antelación.

Y todo eso está bien. Tus hábitos tienen que tener sentido para ti, para tu momento vital y para tu día a día. No se trata de encontrar la rutina perfecta. Se trata de encontrar una rutina que puedas mantener.

Este septiembre, no empieces de cero

Si después de las vacaciones sientes que estás un poco desorganizada, no necesitas castigarte ni compensar nada.

Empieza pequeño.

Recupera uno o dos hábitos que sabes que te hacen sentir bien. Organiza tu semana teniendo en cuenta tu vida real. Facilítate las cosas cuando tengas poco tiempo y acepta que habrá días en los que no podrás hacerlo todo.

Y cuando eso ocurra, no abandones.

Simplemente vuelve.

Porque cuidar de ti no significa hacerlo perfecto. Significa aprender a escucharte, adaptar tus hábitos cuando sea necesario y seguir construyendo una rutina que puedas mantener a largo plazo.

Septiembre no es un reset.

No necesitas convertirte en una persona nueva.

Solo necesitas volver, poco a poco, a los hábitos que te hacen sentir bien.

Sin culpa. Sin extremos. Sin empezar de cero. 🤍

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